viernes 22 de febrero de 2008

2008 el Año Internacional de los Idiomas

2008 se presenta como el año para avivar lo que puede significar el desate de la mordaza histórica aplicada a las lenguas de los pueblos indígenas de diversas partes del mundo y especialmente a aquellos que se asentaron en la amazonía peruana. Ser discriminado por tener un idioma distinto del ordinario u oficial es francamente un descomunal disparate, pero que se dio desde la invasión europea y continua hasta nuestros días. Es una herencia funesta producto de largos procesos de coacción, ocupación y copamiento de la cultura hispana durante el período de invasión y de la criolla posteriormente, sobre lo específicamente autóctono. La lengua es una expresión auténtica de lo humano que lo distingue radicalmente de sus parientes biológicos más cercanos, es una parte tan esencial de su naturaleza que desconocerla constituye un extravío que no tiene parangón.
La Asamblea General de las Naciones Unidades oficializó el 2008 como el Año Internacional de los Idiomas, con el propósito de fomentar el “multilingüismo, la unidad y la comprensión entre naciones”. A mi juicio, es más que una oportunidad para fortalecer la lucha de los pueblos indígenas por hacerse de sus derechos tras siglos de menosprecio e indolencia, en momentos en los cuales la misma Asamblea aprobó el año pasado la “Declaración de Derechos de los Pueblos Indí­genas” algo esperado por más de 20 años.
En nuestro pasado han sucedido muchos hechos tan increíbles como denigrantes, frente a los cuales no faltaron, felizmente, respuestas contundentes y éticas. Las lenguas indígenas fueron despreciadas bajo diversas formas. Lo que constituye en realidad una extraordinaria urdimbre cultural por la enorme variedad de formas lingüísticas desarrolladas en un estrecho espacio geográfico, devino en un estigma, una maldición, una cosa horrenda que hubo que esconder, olvidar y desaparecer. En ese proceso, junto con las lenguas, culturas de miles de años de existencia también han perecido.
En este sentido, es comprensible que en muchos casos, los pocos adultos, los más longevos que aún hablan la lengua de sus ancestros, tengan reparos en trasmitirlos a sus hijos y nietos. Lo hacen porque quieren proteger a los suyos de posteriores agravios y vejámenes. Por ello, en el marco de estos hitos simbólicos y jurídicos internacionales es momento para que las autoridades asuman con entereza la reinvidicación de los pueblos amazónicos y sus lenguas en un acto de estricta justicia histórica. Es el momento para que los poblados de clara ascendencia indígena y todo aquel que se identifique con ello reclamen vigorosamente el reconocimiento social y jurídico de su cultura y su territorio. Estamos hablando nada menos que de la refundación de las provincias de Ucayali, Requena, Datem, Alto Amazonas, Nauta, y Ramón Castilla sobre una base pluricultural pero con clara raíz indígena.
En la Amazonía subsisten 17 familias lingüístisticas que agrupan aproximadamente a 39 lenguas, cada cual con su propio proceso de resistencia. Algunas ya desaparecieron y otras están en ese camino. Si el curso seguido no se detiene, pronto estas lenguas habrán desaparecido totalmente: culina, campa ashéninca, campa caquinte, chamicuro, iñapari, machiguenga, campa nomatsiguenga, piro, resígalo, amuesha, bora, jebero, candoshi-shapra, harakmbut, huitoto, ocaina, achuar-shiwiar, awajun, huambisa, arahuaca, capanahua, cashibo-cacataibo, cashinahua, matsés-mayoruna, sharanahua-marinahua, shipibo-conibo, yaminahua, nahua, yagua, urarina, eseeja, ticuna, orejón, secoya, omagua, cocama-cocamilla, arabela, iquito, taushiro.
Los que hemos escuchado alguna vez el bora, yagua, quichua, candoshi, achuar, asháninka, podemos dar fe de los particulares y sorprendentes vocablos en que se puede concretizar el habla de un pueblo. Una expresión caprichosa, variada y maravillosa de la evolución del hombre encarnada en el habla de los ancestrales pueblos de la Amazonía peruana. Todavía es esperanzador a la vez que un gran goce escuchar por las mañanas en la Radio la Voz de la Selva, sus mensajes en vivo en lengua urarina o bora, aunque cada vez con menos frecuencia.
Nada de “dialecto” como la ignorancia y la vanidad de la gente hace llamar a cualquier idioma selvático. Son lenguas tal como cualquier otra. Por lo dicho, en el marco del Año Internacional de los Idiomas sería oportuno declarar el 2008 como el Año Regional de las Lenguas y del Territorio Indígenas.

jueves 7 de febrero de 2008

Los niños y niñas… aayy… sí que nos enseñan


Nadie puede resistirse al candor de las niñas y niños especialmente en sus primeros años de vida. Sus palabras y frases irrumpen prístinamente para describir, calificar y llamarnos la atención cuando descubren que algo no anda bien. Construyen sus frases de forma lógica: la niña le dice al hermano llorona. Enseguida corrigen maestramente los padres – no es mujer hijita es varón –. Y, como buena aprendiz la niña replica – Él es un llorono. La interpretación de la niña no es sino la aplicación de su precoz pensamiento lógico que, en el caso, se explica de esta manera: si a una niña se le dice llorona, entonces, a un varón hay que decirle llorono. El pensamiento lógico, al parecer se ha vuelto muy escaso en la actualidad, por lo visto tanto en el nivel escolar en las mediciones de logros de aprendizaje, como por la manera de pensar de mucha gente, incluyendo, claro está, a notables hombres públicos del país. La pregunta que nos hacemos es, entonces ¿cuándo el pensamiento lógico que lo desarrollamos desde edades muy tempranas se vuelve ilógico? En vez de fortalecerse se debilita y con ello disminuye nuestras posibilidades de comprender la realidad y, por consiguiente, de vivir y convivir en ella en forma adecuada.
Igualmente, la respuesta categórica de un niño de tres años nos deja absortos: en un paseo por las calles de la ciudad, en la víspera de fin de año, observábamos a los muñecos hechos de trapos y trastos elaborados por sus creadores para quemarlos como símbolo de fin de año, de nueva etapa y el acabose de la mala suerte. Muñeco por aquí y por allá que representan a todo individuo que el sentido común considera sujeto de burla y condena. Muchos políticos y personajes públicos son simbólicamente cremados. Cuando de repente divisamos a lo lejos a un impasible e inmóvil anciano sentado en la berma de su casa. Para probar hasta dónde llega el sentido de la realidad de un niño le dije: ¡mira un nuevo pilato! Entonces recibí la respuesta más inesperada que escuché hasta ahora: papi no confundas la realidad con la paja cocida. Hay veces que enfocamos los ojos hacia algo, pero no vemos con exactitud lo que físicamente perciben nuestros sentidos, mediados, talvez, por los significados y prejuicios que desarrollamos en sociedad, ajenos al razonamiento de un niño, que todavía no los ha asimilado. Muchos de estos significados tergiversan la realidad. Naturalmente, los seres humanos somos expertos en asignar nuevos significados a las cosas, que terminan sustituyendo verdaderamente a la propia realidad, como diría el dicho popular, todo depende del color de anteojos con que miramos. Para la cultura oficial difundida por los medios de comunicación una persona que tiene el pelo de color claro es rubio y por tanto sujeto de atenciones especiales. Serlo tiene sus ventajas pues se asocia a significaciones de belleza o signo de popularidad. Las y los rubios son vanamente apreciados, especialmente en aquellos lugares de donde proviene esta moda, y por extensión en el medio nacional e incluso en nuestros barrios. Las mujeres se dan sus gustitos cada vez que pueden para ponerse a tono, a la moda, de la misma forma que sus modelos artísticos referenciales. Los varones si podrían seguramente se aclararían el pelo. De hecho, algunos sí lo hacen. Pero para un niño de cuatro o cinco años, su compañero de pelo claro, tiene el pelo amarillo: ¡papá el niño de pelo amarillo…! Para él es un tipo de pelo algo extraño, pues la mayoría de sus pares lo tienen oscuro. Algo raro, pero nada especial, pues no le quita el sueño, pues todos son iguales para él. En el mundo adulto se pondera ciertos rasgos físicos más que otros, algo tan disparatado, pues las diferencias físicas son absolutamente circunstanciales.
El niño y niña están exentos de justificaciones y racionalizaciones tan comunes en la gente adulta. Siempre justificamos lo que sucede y por tanto todo sigue su curso sin cambio alguno. Cuando transitamos por las calles con los niños y niñas en nuestros vehículos nos muestran una vez más su objetividad: has pasado la luz roja, estás yendo muy rápido. Una vez más lo justificamos todo: era ámbar, no me dio tiempo, solamente esta vez, ups. Disculpa.
Felizmente, los niños y las niñas también nos dan amor, mucho amor. El abrazo de un niño es tierno y abrasador. Siempre sonríen. Actúan todo el tiempo. Perdonan. Sus miradas están limpias, están libres de los prejuicios tan ruines que generalmente inventamos. Verdaderamente los niños y niñas son a veces unos auténticos maestros.

A un año de gestión municipal

A un año de gestión municipal, ya podemos decir con cierta seguridad que las personas que fueron elegidas como alcaldes eran dignas de dicho puesto o no. Pero, si tenemos en cuenta el alto í­ndice de ex alcaldes procesados por la justicia, deduciremos fácilmente que en la mayorí­a de veces nos equivocamos de cabo a rabo a la hora de elegir. Los errores en que incurren los electores en las urnas electorales superan el lí­mite de lo incomprensible. Tenemos ejemplos por doquier: ganan candidatos que no reúnen las condiciones, nefastos alcaldes son reelegidos, al igual que malos presidentes. Y entre uno y otro despropósito las posibilidades de alcanzar el ansiado desarrollo de los pueblos se vislumbra cada vez más lejano. Consecuentemente, la desconfianza impera, existe una descomposición social, acelera la desesperación que da paso a la destrucción de las buenas costumbres.
Los gobiernos locales por su propia naturaleza están más próximos a las necesidades de la población, de los problemas y, por tanto, de sus soluciones. Los gobiernos locales no pueden desentenderse de lo que piensan o sienten los integrantes de su jurisdicción. El gobierno local no es un botí­n, tampoco la razón que alimenta las ansias de poder de cierta gente. Es la expresión auténtica de la descentralización y democratización del poder, incluso con las limitaciones y restricciones de ese Estado centralista e ilegí­timo que padecemos. El GL constituye una oportunidad para autogobernarnos con autonomí­a, de orientar la acción desde nuestras particularidades, necesidades y aspiraciones, sin que esto signifique eximir al gobierno nacional de las responsabilidades que debe cumplir. Te permite crear cohesión social en torno a ciertos ideales en concordancia con las grandes finalidades nacionales.
En este sentido, la gestión municipal debe ocuparse de cómo encausar las soluciones a los diversos problemas que aqueja a la población, para que en función de la magnitud y urgencia de los mismos se asignen los recursos financieros y técnicos para resolverlos. Cabe preguntarnos, entonces, cuáles son las principales dificultades de un distrito que merecen abordarse decididamente: necesidades de vivienda, seguridad, alimentación, agua y desagüe, trabajo, educación y salud de calidad. En los distritos, solamente una minoría poblacional cuenta con viviendas habitables. En el medio rural, el problema habitacional se agudiza dramáticamente: casi el cien por ciento de casas están en deplorables condiciones. El gobierno nacional tampoco toma cartas en el asunto. Al respecto, se pueden realizar acciones conjuntas entre el gobierno local, el nacional y entidades privadas tendientes a implementar programas de vivienda de mediano y largo plazo, que haga realidad el sueño de la casa propia. En un lapso de diez a veinte años se habrá dotado de condiciones habitacionales adecuadas a toda la población de un distrito. ¿Sueño? No lo es, si se empieza a trabajar desde ahora. No lo es si en las alcaldías hay gente que está pensando las 24 horas del dí­a en cómo encarar el problema. Es una ilusión, si la gente anda desconcertada y los gobiernos están pensando cómo sacar provecho de los recursos financieros que gotean del tesoro público. Lo que queda en los pueblos de los cientos de millones de soles que recibieron los gobiernos locales en los últimos 10 años es pobreza y más pobreza. La misma ineficacia y corrupción demostrados por los gobiernos nacionales se reproducen en los distritales, responsabilidad que alcanza a todos por no frenar cí­vicamente todo ello.
Igualmente, una gestión municipal no puede mantenerse al margen de situaciones de abandono en que se encuentran las escuelas de su entorno. No solo tiene que brindarle de condiciones materiales, sino debe orientar su sentido. La educación debe responder de por sí­ a los lineamientos de desarrollo local, aunque sin desligarse de las grandes movilizaciones nacionales. Además, no es posible hablar de desarrollo nacional, sin que esto pase por el de las comunidades locales. De igual modo podemos hablar de la salud y la alimentación y otras áreas. No se puede aceptar que haya un solo niño desnutrido. Un alcalde no debe dormir hasta solucionar el problema, aunque tenga que mover cielo y tierra, y, por supuesto, exigiendo el apoyo de todos los sectores, pues las responsabilidades se comparten. Creo que la clave para descentralizar el poder está en que los gobiernos locales funcionen adecuadamente, sean gobernados con acierto y sabidurí­a. Urge, a través de organizaciones renovadas, recuperar el verdadero sentido de la polí­tica, secuestrado por malos empresarios, arribistas, polí­ticos de oficio, los partidos polí­ticos que, por cierto, se encargan en conjunto de mantenerlo alejado de las mentes brillantes y los hombres nobles.

Dejen a la educación en paz


En manos de los políticos de siempre, la educación peruana zozobra en forma irremediable. Quizás hay que darles el beneficio de la duda, pero si parafraseo a Chomsky diría que los gobiernos deliberada y perversamente, con la educación en jaque, tratan de mantener a la plebe a raya. Desde décadas el Ministerio de Educación aplica una serie de medidas que hoy forman parte de la mezcolanza de funciones que paraliza la educación peruana, propuestas que no dejan de ser interesantes pero como vienen desde arriba, en forma vertical, apuradas, nacen ilegítimas y condenadas al fracaso. Las transformaciones no se enraízan por norma o decreto, mucho menos en un país tan diverso, donde el propio Ejecutivo asume que su gestión centralizada ha fracasado en el manejo de la educación nacional (Decreto Supremo N° 078-2006-PCM), por lo que francamente no puede garantizar nada. El sistema educativo es un caos en la misma capital de la República, y lo es más aún en las diversas partes de nuestro heterogéneo país. Pero, a pesar de ello sus actos desconciertan.
El maestro es sometido a un incesante calvario todos los años en la época de inicio de clases, pero siempre provocado por alguna medida ministerial fuera de todo contexto y realidad. Nuestros políticos locales también se encargan de terminar de destruirlo todo con injerencias disparatadas, manejos partidarios y concursos amañados. El caos trae más caos.
Un tiempo ordenan crear Comité de Gestión en las instituciones escolares, pero al siguiente año lo quitan y luego lo vuelven a poner. O cambian las reglas de juego en forma abrupta. Experiencias exitosas que surgen en espacios específicos, incluso en el sector privado, son impuestas a raja tabla como para que una escuela como la de Palo Seco ubicada en el Río Itaya las aplique, lugar donde las condiciones sociales y culturales son totalmente distintas con respecto a otros ámbitos nacionales. Podemos sacar cientos de ejemplos donde novedosos planteamientos como es el caso de los CONEIs son un saludo a la bandera. En muchas comunidades rurales, si bien es cierto, los padres no tienen representación directa en la gestión curricular, sin embargo ayudan activamente en el desarrollo de las actividades escolares. La burocracia de instalación y las funciones que regulan el funcionamiento del CONEI, termina difuminando la participación de los padres porque no encuentran lugar en el nuevo órgano creado desde gabinetes ministeriales. Resultante: más divorcio entre escuela y familia y nada de calidad educativa.
Debemos aceptarlo hay una buena intención detrás de todo, pero al final lo estropean y acaban con alternativas que bien pudieran arrojar excelentes resultados si fueran manejadas con la debida paciencia y planificación. Las últimas medidas de museo: contrato para el tercio superior, el tope de ingreso fijado en 14 puntos para los institutos pedagógicos y técnicos, la municipalización de la gestión educativa, evaluación censal, “capacitación” docente, currículos por doquier. El caso del tercio superior está llevando a las instituciones educativas a un monumental desbarajuste y a los centros de formación magisterial a un enorme problema administrativo. El remedio prescrito por el inefable Ministro de Educación resultó ser más dañino que la misma enfermedad.
Es momento de exigir tranquilidad creativa. Dejen en paz a la educación y a las escuelas. Dejen que los mismos maestros encuentren su propio camino de mejora de la calidad educativa. Si pasas y repasas por un camino terminas por estropearlo o deteriorarlo. A veces es necesario dejar hacer para encontrar vida, misma chacra que después de haber sido explotada al máximo, la dejas reposar y nuevas plantas y árboles vuelven a renacer frondosos. Muchos maestros hacen enormes esfuerzos para mantener a flote su profesión y de paso a su familia, lo cual no es poco. Eso sí, antes de vejarlos, denles las condiciones que garanticen su desarrollo profesional, salarios adecuados, instituciones educativas con infraestructura apropiada, materiales educativos en suficiente cantidad, equipos y mobiliarios. Las condiciones materiales de las escuelas dan pena. Están vacías. A lo sumo poseen salones y carpetas y pizarra en continuo deterioro. Y hablamos de las que están en las ciudades, imagínese de las que están en el medio rural. Ser un buen maestro en la sociedad del conocimiento implica estar en permanente conexión con las novedades pedagógicas, la investigación y la innovación. Se necesita especialización, hacer diplomados, estudios de maestrías, etc. Todo esto tiene un costo que el Estado lo niega. ¡No más mentiras! Los últimos exabruptos ministeriales sólo servirán para agudizar la crisis. Incrementen más presupuesto a la educación, vigilen a las escuelas, brinden estímulos a los que se lo merecen, sancionen donde haya que hacerlo, pero dejen que los maestros se desarrollen por sí mismos como muchos lo venimos haciendo.

El bosque es nuestra morada


La tarde del 24 de enero, una numerosa población loretana y representantes de organizaciones sociales convocadas por el Frente Patriótico de Loreto dieron vida a una fervorosa manifestación cí­vica, en contra las pretensiones del Presidente de la República, Alan García Pérez de poner a la venta 8 millones de hectáreas de nuestra Amazoní­a. El Presidente, aprovechando una visita oficial a España, no reparó en ofertarlos, mismo vendedor ambulante (con el perdón de los honorables trabajadores ambulantes) a empresarios y operadores de las transnacionales. El ineflable Presidente de estatizador de la banca pasó a ser un entusiasta vendedor de las riquezas del paí­s. Todo lo ve dinero. Los grandes intereses internacionales, no contentos con el remate que el nefasto régimen el ex presidente Fujimori hizo con las empresas del Estado, exigen voraces nuevas formas de asegurarse más ganancias económicas y seguir engordando sus arcas y sus cuotas de poder y, como no hay más que vender, el actual mandatario peruano, entregado en cuerpo y alma a sus intereses, muy alegremente pone a su disposición lo que es mucho más que simple recurso económico: la morada de las poblaciones indí­genas y de la cultura amazónica.
Como no es de extrañar, una vez más desde el centralismo, las regiones y provincias son vistas, no en función a su población, sino a sus recursos explotables, para estrujarlos, como lo fue en la época del caucho y otras olas extractivas de la región y el paí­s con consecuencias económicas, sociales y culturales dramáticas, especialmente para la población indí­gena.
En momentos en los cuales La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el 13 septiembre del 2007 la Declaración de Derechos de los Pueblos Indí­genas, tras 25 años de espera, contra todo pronóstico y el espí­ritu de este planteamiento, irrumpe una medida que a todas luces la desconoce y con ella a una población secular y oficialmente vejada y despojada de sus derechos humanos.
Parece increí­ble pero el tipo de desarrollo largamente anhelado, ha encontrado su cauce en la mente de los que ahora nos gobiernan en el solo hecho de poner precio a cuanto recurso sea reclamado por paí­ses y empresas que han hecho de la acumulación del capital su máximo valor. Algo perverso está pasando con cierta gente, que por desgracia tiene el control del poder económico y polí­tico del mundo.
La población loretana y las organizaciones sociales de base han demostrado estar atentos para frenar tamaño despropósito. Los pobladores de las diversas comunidades asentados cerca de los lugares que fueron puestos en concesión en años anteriores están vedados de ingresar a esos territorios, los mismos que tradicionalmente sirvieron para solventar su alimentación, seguridad y su cultura. Aquellos mismos lugares en los que hace siglos atrás había tanta riqueza natural como para atender con holgura a quienes la habitaban. Población y riquezas que están siendo exterminadas paulatinamente con la misma lógica económica con la que intervienen las actuales organizaciones económicas de las grandes transnacionales y que está llevando al colapso a todo el orbe.
Rotundo rechazo a los proyectos de ley que silenciosamente están listos para aprobarse en el Congreso de la República. cuyos congresistas elegidos por el pueblo sirven como operadores de poderosos intereses nacionales y extranjeros. Estos, so pretexto de legislar para el país, crean redes normativas para legalizar oscuros intereses en vez de hacerlo por el bienestar del pueblo peruano. Los bosques son intocables y cualquier medida afecte su equilibrio ecológico y cultural, ponga en grave riesgo la supervivencia de sus habitantes debe ser eliminada. Los bosques constituyen más que simples estadísticas económicas, son milenariamente fuente de vida de la población amazónica ¡Abstenerse políticos de paso!